Peñíscola; Castellón
Cerrar el círculo
Fue esta cueva, fue esta playa, hace más de tres años, sobre la que comenzó a rodar todo.
Ver esta cueva en el catálogo del SICE fue el momento en el que nos dimos cuenta de que, quizá, buscarse una embarcación para visitar cuevas marinas no sería una mala idea, fue el inicio de aquel proyecto. Luego indagamos acerca de muchas otras antes de comprarnos la tabla de paddle, pero recuerdo con mucha nitidez que esta fue la primera.
Una vez tuvimos la tabla y hubo que probarla, también fue esta la primera playa en la que lo intentamos. No ha pasado en realidad tanto tiempo, pero en curva de aprendizaje me parece una eternidad. No teníamos ni idea entonces, ni dónde aparcar, ni cómo mirar el tiempo, ni tan siquiera si las condiciones eran óptimas aquel día de abril en la playa norte de Peñíscola para sacar la tabla, y mucho menos de como se manejaba aquel trasto. Vimos más agua que tabla aquel día. Me río ahora pensando que nuestra intención aquel día era llegar a la cueva que retratamos en esta entrada. ¡Cuánto nos quedaba!
Un escenario muy diferente fue el que enfrentamos este sábado en la misma playa y con el mismo objetivo, dos años más tarde. Ha pesado mucho el bagaje; la meteorología totalmente monitorizada, así como previsión de oleaje, la logística infinitamente más clara, la disposición del material en la tabla, la técnica, horario de entrada, horario de salida, dónde aparcar, cuanto había que andar, cuánto había que palear. Y la foto planificada desde hacía semanas, o meses.
La conclusión es que volvimos a casa con una foto mejor de lo que esperábamos para la portada de un artículo que hemos escrito y que, precisamente, habla de la evolución que hemos experimentado en esta actividad. Para nosotros ha sido cerrar un círculo.
Tanto es así que, ahondando en la logística y el planteamiento, quisiéramos apuntar una observación. En las fotos vemos a Ana paleando dentro de la cueva sobre un bote neumático de piscina Intex, un juguete para niños. Es importante destacar que hasta la cueva, lógicamente, no llegamos sobre este bote, llegamos en la tabla de paddle, el bote lo llevábamos remolcado, y Ana se pasó de la tabla al bote solo para la foto. La foto la disparé yo desde la tabla buscando que la silueta de Ana tapara ese contraluz tan dramático que se aprecia, mientras iba a la deriva. La foto fácil de hacer no fue, para ser sincero, pero esto aumenta mucho nuestro nivel de satisfacción.
Con respecto a la cueva marina, y después de haber visto ya unas cuantas, yo diría que es un cuevón; tiene color, profundidad, recorrido, altura y morfología, es bonita. Pero no es uno de esos caramelos de Alicante. Su boca, orientada al SE, al refugio de nada y totalmente expuesta al viento más predominante y agresivo de esta costa, limita su visita a muy pocos días al año.
Aunque oficialmente su nombre es Cova Major, porque sigue el mismo recorrido que el Carrer Major de Peñíscola, localmente se la conoce como La Calaixera.
A continuación subimos la serie de fotografías que logramos sacar. Son todas muy similares porque el esquema de iluminación y el planteamiento es el mismo para todas, pensemos que, con esos requerimientos logísticos y las condiciones que pone la cueva y su acceso, haber buscado otro encuadre u otro concepto de foto nos habría obligado a una planificación muy distinta desde el inicio.
Canon EOS 6D MarkII f/6.3 ISO 800
Canon EF 17-40 f4L 17mm 1/160s
Canon EOS 6D MarkII f/6.3 ISO 800
Canon EF 17-40 f4L 17mm 1/160s
Canon EOS 6D MarkII f/6.3 ISO 800
Canon EF 17-40 f4L 17mm 1/160s
Canon EOS 6D MarkII f/6.3 ISO 800
Canon EF 17-40 f4L 17mm 1/160s




No hay comentarios:
Publicar un comentario